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15 Nov Las tres actitudes para vivir en la esperanza

El ministerio de Jesús en Jerusalén, culmina con el llamado “discurso escatológico”, es decir, la enseñanza sobre el fin. Ante la pregunta por el “cuándo” y el “cómo” de la llegada del “fin” y de cara ante la lista de acontecimientos trágicos enumerados, Jesús nos hace caer en cuenta que ninguno de esos hechos es exclusivo de ningún período histórico particular. Lo mismo vale para las persecuciones a los discípulos. Lo que cuenta es que en medio de ellas, debe brillar la fuerza de la fe y del testimonio. En medio de las dificultades del mundo (violencia, pobreza, segregación, exclusión,…), los discípulos de Cristo Resucitado debemos ser “profetas”. Como lo deja entender el pasaje de hoy, viviendo las actitudes enseñadas por Jesús, debemos ellos encarar con realismo histórico y fe madura las violencias presentes y futuras, y alcanzaremos la plena libertad.

El tema de hoy es apasionante: ACTITUDES PARA VIVIR EN LA ESPERANZA. Miremos este pequeño mito que se refiere a la esperanza: de acuerdo con la mitología griega, Zeus queriendo vengarse de Prometeo por haber robado el fuego a los dioses para entregarlo a los humanos, creó para Epitemeo (hermano de Prometeo), una mujer llamada Pandora, con la que éste se casó. Pandora fue creada con grandes dotes, pero también con una gran curiosidad. Como regalo de bodas, Zeus regala a Pandora una caja, con instrucciones de no abrirla bajo ninguna circunstancia. Por su intrínseca curiosidad, Pandora abre la caja y al hacerlo escapan de su interior todos los males del mundo. Cuando Pandora pudo finalmente cerrar la caja, en ella sólo quedó atrapada la esperanza. De ahí surge la expresión: “La esperanza es lo último que se pierde”.

Muy bien lo decía Javier Castillo S.I., hablando del tema de la esperanza. El Evangelio nos sugiere tres claras actitudes que nos permitirán vivir en la esperanza:

1. CUIDADOSOS ANTE LOS PROFETAS DE DESASTRES
“Como algunos hablaban del Templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: ‘De esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida. Le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?’ Él dijo: ‘Miren, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: `Yo soy’ y `el tiempo está cerca’. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se aterren; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato”.  A no pocos generadores de opinión les interesa tener a la sociedad adormecida y perpleja ante la oscuridad del panorama. Las comunidades cristianas no debemos conceder todo el crédito a los que vienen anunciando la fatalidad y ser rigurosas en los análisis, para evitar que el miedo, la inercia y el inmovilismo nos consuman.  En ningún momento nos augura Jesús un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, nos da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro, es el aprendizaje de cada uno, siendo templo fiel a su Señor.

2. DAR TESTIMONIO
“Pero, antes de todo esto, les echarán mano y los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y cárceles y los llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto les sucederá para que den testimonio”.  No podemos negar lo que es evidente: estamos viviendo una época de cambios e incertidumbre en el mundo. Sin embargo, hoy es el tiempo propicio para testimoniar que hay una fuerza y un horizonte de sentido que nos hacer vivir de otra manera las dificultades que nos plantea el tiempo presente. El Dios en quien creemos no es un Dios impasible, es un Dios comprometido y apasionado con su obra. Él está con nosotros y esa es la razón de nuestra esperanza. Dejemos que Dios ponga sus palabras en nuestros labios, serán un aliciente para surcar los caminos que nos conduzcan hacia un nuevo amanecer y permitamos que el Señor apaciente nuestro corazón ante tantas teorías en torno al tema del “final de los tiempos” y sea Él quien nos muestre el verdadero camino.

3. PERSEVERAR
“Todos los odiarán por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza. Con su perseverancia, salvarán sus almas”. Una actitud que para nada tiene que ver con la resignación o el inmovilismo. Los hombres y las mujeres de esperanza no se derrumban ante el primer escollo que surge en la marcha; al contrario, cuando el camino se hace adverso profundizan más en la búsqueda de alternativas que mantengan viva la ilusión y la utopía. El que espera, no se conforma con la realidad tal como es, sino que la contradice y se compromete en renovarla. En últimas y pidiéndole al Señor poder discernir, notamos que este texto evangélico de hoy contradice muchas teorías que estamos escuchando en este tiempo, en torno al tema del “final de los tiempos”, lideradas por muchos movimientos cristianos evangélicos y cristianos católicos, que lo que generan es pánico y temor, pero no aportan un camino claro de trasformación a nivel interior, que finalmente debe ser nuestro gran objetivo.  Si bien comprendemos que la vida nos permite llevar un proceso de aprendizaje, para avanzar y ser mejores personas y vivir en lo que Jesús vino a enseñarnos, implantemos Su reino aquí y ahora, que finalmente es lo único real, donde obremos con amor, en donde vivamos el verdadero sentido de comunidad y así, podamos ser felices.  ¿Cuándo es el momento final? Como dice la Palabra, “nadie sabe ni el día ni la hora”. Pero si vivimos manteniendo nuestras lámparas encendidas, trabajando sin descanso en nuestra trasformación interior y transparentando el amor de Dios a los demás, no hay razones para temer. La Resurrección es parte de nuestra fe y si sabemos que vivimos en comunión con el Señor, podremos esperar de Su parte la posibilidad de continuar viviendo en Su presencia.

ORACIÓN
Señor, me has mostrado la importancia de la perseverancia en el camino de la vida, de la oración, de la esperanza, de la confianza en Ti.  Te pido que me des el empuje y el coraje para ser perseverante en todo y no desfallecer ante las dificultades.  Envía Tu Espíritu para que me de la fuerza y el valor para continuar siempre adelante y el ánimo para renovar mis fuerzas.  Dame, Señor, la virtud de la perseverancia y no caer en la tentación de la tristeza en los momentos que llegan los problemas o cuando las cosas no salen como las tengo previstas, sino que a través Tuyo me llene de serenidad y paz interior.  Señor, Tú conoces a la perfección de que está hecha mi naturaleza y también cuáles son mis debilidades.  Te suplico que me ayudes a ser perseverante, para que a pesar de mis flaquezas y mis caídas, sea siempre fiel a Tu palabra y a Tus mandatos, para que siempre trabaje con el fin de vivir en unidad contigo y con mis hermanos.  Señor, que mi falta de perseverancia no me aleje de los demás y ayúdame a estar siempre preparado para ayudar y servir a los que me rodean, especialmente a mi familia, a mis amigos, a todos aquellos que se acerquen a mí.  Tú, Señor, eres mi roca y mi salvación y en Ti tengo puesta toda mi esperanza. Amén.